Llega fin de año y todos
estamos cansados, agotados, estresados, mentalmente espachurrados, incluso
aquellos que trabajamos de lo que nos gusta, es que si bien ya no tenemos 3
meses de vacaciones (me rompe el cuore), el fin de año y las fiestas se toman
como cierre y comienzo de nuevas etapas, aunque sigamos trabajando de lo mismo.
En nuestra labor docente, fin de año es equivalente a: cerrar notas, terminar
de evaluar, hacer una despedida de año, con los alumnos, con los demás
docentes, con la familia, con el grupo de amigos, con el equipo de futbol, etc,
etc. Y a mi encima se me ocurrió estudiar periodismo y agregar horarios de
trabajo de verano que otros veranos no tenía, asique chicos, el verano llegó
con todo y vos que no ves la hora de finiquitar el año tenés más cosas que
hacer que nunca antes! I’m gonna freak out!
Pero CALMA, calma mi
alma, que todo se puede, no importa que tus alumnos más que colaborar te hagan
renegar, y que quieran salvar la materia el último día del año o que se
comprometan a hacer algo y después no lo hagan, después de todo que nos toca
ser a nosotros los docentes sino unas vasijas infinitas de paciencia.
Este fin de año he
decidido que NO me voy a preocupar, si quieren cumplir, cumplan y sino a
rendir, a fallar o a lo que sea. Después me terminan haciendo callar porque les
sale todo bárbaro, asique demuéstrenme que tengo razón y que tarde o temprano
van a hacer las cosas bien. Sí hay algo
que tengo además de paciencia es fe en mis alumnos. Como siempre digo, yo no
estoy gorda, estoy llena de paciencia, también de fe, y mucho amor, puedo
aplastar gente con tanto cariño por mi trabajo, asique cuidado!
Terminemos el año
rescatando todas las cosas que nos han hecho sonreír en nuestro trabajo y
aprendamos a reírnos de las que en su momento nos hicieron enojar, que si hay
algo que rescatar de todo es que trabajamos de lo que elegimos y eso siempre es
motivo de alegría. De todo lo demás, nos podemos quejar…
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